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El momento del FMI

El mundo se encuentra en una crisis financiera sin precedentes, que afecta a todos los países. Se han tomado medidas coordinadas, únicas en tamaño y alcance, para restablecer la confianza y limitar el daño causado a la economía mundial. El presidente George W. Bush ha invitado a los líderes mundiales a una cumbre en Washington el 15 de noviembre para diseñar una nueva arquitectura financiera que pueda evitar que crisis como esta vuelvan a ocurrir. El Fondo Monetario Internacional, la única institución global con el mandato de proteger la estabilidad financiera, puede desempeñar un papel central.

La reforma de la arquitectura financiera internacional se debe centrar en una mejor supervisión financiera, más transparencia en los mercados financieros, un sistema eficaz de advertencia temprana de crisis y una mejor coordinación de las políticas internacionales.

La crisis ha dejado en claro que no es suficiente la supervisión nacional de los bancos que pueden operar a nivel global. Las insuficiencias normativas han causado efectos de derrame sobre otros países. No hubo mecanismos de solución de crisis para ese tipo de bancos. Claramente, es necesaria la coordinación internacional de las iniciativas de regulación.

Además, más transparencia implica un acuerdo internacional acerca de las estructuras de incentivo en el sector financiero que desestimulen la toma excesiva de riesgos.  Se pensó durante demasiado tiempo que las innovaciones financieras promoverían el desarrollo económico y ayudarían a dispersar el riesgo. Sin embargo, a medida que los productos financieros se volvieron más complejos, nadie sabía quién asumía los riesgos.

Por supuesto, ha habido señales de advertencia de que la toma de riesgos se había vuelto excesiva, pero durante demasiado tiempo se esperó que las fuerzas del mercado solucionaran todos los problemas. Necesitamos mecanismos de aviso temprano, con medidas de seguimiento concretas. Esto no necesariamente implica que la respuesta correcta sea una mayor regulación; lo importante es que las medidas sean coherentes entre sí.

Es importante una mejor supervisión, pero los países deberían estar preparados para coordinar sus políticas económicas y de tipo de cambio. Debido a los enormes volúmenes de dólares que han comprado a lo lago del tiempo, las economías emergentes han servido de apoyo por un periodo demasiado prolongado de la cultura del crédito en los Estados Unidos que terminó produciendo esta crisis.

Es especialmente importante que el FMI tenga un papel más determinante, ya que todos estos problemas están interrelacionados. De hecho, el FMI, por el hecho de tener miembros de todos los países y un vasto acervo de experiencia internacional, está en la mejor posición para asumir el papel de liderazgo en un enfoque multilateral de la estabilidad financiera.

Este papel debe ir más allá de las tareas tradicionales del Fondo de servir de asesor y ser  prestatario de último recurso. Su papel de asesor lo hace vulnerable a las críticas de los países desarrollados, en cuanto a que el mundo industrializado no sigue esos mismos consejos. Puesto que los equipos del FMI trabajan en todo el mundo para ayudar a los gobiernos a crear programas que puedan restablecer la confianza, es evidente que el papel de prestatario de último recurso no está obsoleto. Sin embargo, tiene un matiz amargo: el FMI ahora debe arreglar el entuerto en los países emergentes, causado por crisis financieras originadas en otros lugares.

A nivel global, el Fondo puede ayudar a diseñar un sistema normativo de gran alcance para los mercados financieros y proporcionar así una plataforma para los actores claves. El Fondo puede dar apoyo analítico, identificar insuficiencias normativas e indicar dónde es necesario mejorar la normativa. Debe hacer un seguimiento a los avances, pero abstenerse de actuar como una entidad reguladora. El mandato sigue vigente para los supervisores actuales y las agrupaciones internacionales, como el Fondo de Estabilidad Financiera, pero el FMI mismo debería convertirse en el "supervisor de los supervisores".

A nivel nacional, la entidad puede evaluar los sistemas normativos y dar recomendaciones. Muchos miembros del FMI han buscado esto de manera voluntaria. Sin embargo, hasta ahora Estados Unidos no ha permitido el involucramiento del Fondo. Deberían volverse obligatorias las evaluaciones por parte del Programa de Evaluación del Sistema Financiero del FMI, y sus medidas de seguimiento se deberían integrar a sus actividades de vigilancia regulares.

Un mejor trabajo analítico sobre los vínculos entre los acontecimientos financieros y la economía real puede ayudar a una mejor coordinación de políticas. Con base en su análisis independiente, se debe autorizar al FMI a que invite a comparecer a autoridades de Estados miembros de importancia clave. Las consultas multilaterales pueden ayudar a evitar que los países adopten medidas económicas que afecten negativamente la estabilidad financiera y económica de otros países. Los desequilibrios globales se deben enfrentar de manera más enérgica.

Finalmente, el FMI debería esta mejor equipado para enfrentar los problemas del sector financiero. Sus programas tradicionales, que se centran en políticas presupuestarias o monetarias no bastan en esta crisis financiera. El Fondo debe crear líneas de crédito para los países que ejecutan políticas macroeconómicas sólidas. En esos casos, no es necesaria su condicionalidad tradicional. Esta semana, la entidad creó un nuevo fondo de liquidez de hasta 100.000 millones de dólares. Se trata de un paso en la dirección correcta.

En su reciente reunión anual, se pidió al FMI que asumiera el liderazgo, sacara conclusiones acerca de la crisis y propusiera medidas para crear una mejor arquitectura. Hasta ahora, ha debido confiar en la calidad de sus consejos, pero hacerse a un lado si no se ponen en práctica. Eso tiene que cambiar.

Se deberían dar poderes efectivos al papel asesor del FMI. Este debe dar mensajes más potentes acerca de las políticas y, si es necesario, debe ser capaz de aplicar medidas. En las próximas semanas se verá con claridad si los líderes de los gobiernos que ahora llaman a un Bretton Woods II están dispuestos a dar un mandato ampliado semejante a instituciones multilaterales como el FMI.

WASHINGTON, D. C.
* Age Bakker, de Holanda, es Director Ejecutivo del FMI y representa a 13 países.
© Project Syndicate 1995-2008

Age Bakker*

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