Los piratas de Somalia son considerados por la población local como "afortunados" y muy admirados por los jóvenes en un país que vive en la anarquía desde hace dos décadas.
En la localidad de Haradhere, en una pequeña sala de un desvencijado edificio, más de 50 piratas se reparten dos millones de dólares procedentes de uno de los rescates pagados por un barco tailandés y otro japonés, que capturaron en aguas del golfo de Adén.
El mayor del grupo, sentado sobre una maleta repleta de billetes, llama uno a uno a los corsarios, les entrega el dinero y apunta minuciosamente los miles de dólares que les asigna, cantidad que depende de si han participado o no activamente en el secuestro.
"Aquellos de nosotros que salimos al mar e interceptamos el barco, ahora recibimos 30.000 dólares, pero los que se quedaron esperando en tierra para defendernos, se llevan 20.000", explica Ahmed Salad, uno de los piratas.
Durante el reparto, no cesan las protestas y los insultos por parte de los que reclaman más dinero, pero todos los piratas son muy conscientes de la "suerte que tenemos".
"Cuando tengo dinero, todos me tratan como un rey", dice Husein Yare, uno de los pocos "afortunados" en Somalia que se puede permitir gastar miles de dólares "en sexo, drogas y alcohol", confiesa.
La pequeña población de Hoybo, a más de 500 kilómetros al norte de Mogadiscio y a unos 120 de Haradhere, es otra de las fortalezas de los piratas. Antes era una localidad próspera, que obtenía gran parte de sus ingresos de la pesca. Ahora, unos 200 de sus 1.400 habitantes viven de la piratería y solo cuatro de las 80 embarcaciones atracadas en el puerto se dedican exclusivamente a la pesca.
Pero las pocas personas que todavía salen a pescar porque temen ser confundidos con piratas y atacados. "No vamos a alta mar porque tenemos miedo de los buques extranjeros y, si pescamos en la costa, no conseguimos lo suficiente como para cubrir los gastos", manifiesta Abdi Mudey, propietario de dos de las embarcaciones de pesca de Hoybo.
La presencia de los piratas en la pequeña población ha supuesto un incremento de los precios a tal nivel, que Sheijdon Yusuf, un responsable político de Hoybo, advierte: "En el 2009 probablemente solo vivirán aquí los piratas y la gente tendrá que abandonar sus hogares".
Mientras que en la región la media de ingresos por persona está por debajo de un dólar al día, los piratas obtienen millones de dólares en poco tiempo y eso hace que las nuevas generaciones de Hoybo comiencen a considerarlos como el 'ejemplo a seguir'.
"Rezo todos los días para que, cuando yo me convierta en un hombre, los piratas sigan secuestrando barcos", dice Hasan Alí, de 11 años, que considera que la piratería es la única 'profesión' con la que podría sacar a su familia de la pobreza y lograr que su madre deje de venderle té a los piratas por una cifra irrisoria.
HOYBO (Efe)
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