Es un complejo capaz no solo de mantener la vida humana, sino de permitir complicados experimentos en campos como la Física, la Química y la Biología, todo ello a 400 km de la superficie de la Tierra.
Ese fue el desafío que hace diez años comenzaron a enfrentar los responsables de la Estación Espacial Internacional (EEI), cuando desde Kazajistán fue lanzado el primer componente, el módulo 'Zarya', del tamaño de un autobús. Luego se reunió en órbita con el transbordador espacial Endeavour, que llevaba el módulo 'Unity'.
Desde ese 20 de noviembre de 1998, la EEI le ha dado la vuelta al planeta más de 518.000 veces, a razón de una cada 92 minutos.
En un mensaje transmitido al mundo vía Internet, el comandante de la EEI, Mike Fincke, celebró la fecha especial en compañía de Chris Fergusson, el comandante del Endeavour. Fincke dijo: "A lo largo del camino, hemos aprendido cómo vivir en el espacio y a trabajar juntos, como socios internacionales. Mi equipo y yo estamos muy orgullosos de estar aquí en esta fecha".
Pero no ha sido una tarea fácil. Además de diez años, ha tomado cien mil millones de dólares y el trabajo de científicos de 16 países.
Originalmente planeada para estar lista en 2006, la construcción de la EEI sufrió considerables retrasos por la crisis de recursos del programa espacial ruso y por el accidente del transbordador Columbia de la Nasa.
El proyecto ha recibido toda clase de críticas por su gigantesco costo y porque, dicen sus detractores, las aplicaciones prácticas de lo que allí se estudia son lejanas, en el mejor de los casos.
Sin embargo, los responsables del proyecto afirman que la EEI es solo el comienzo y que no se trata únicamente de una estación orbital, sino del embrión de la primera ciudad humana en el espacio, que va a casi 27 mil kilómetros por hora.
La última amplación
La EEI es hoy mucho más que el reducido complejo de hace diez años. Tras la más reciente ampliación, esta semana, para la cual el Endeavour llevó un nuevo módulo con 15 toneladas, la Nasa anunció en su sitio web que la estación pasaría de ser "una casa de tres dormitorios y un baño a una de cinco dormitorios, dos baños y un gimnasio" que puede albergar de manera permanente a seis personas.
Hoy la' EEI pesa 300 toneladas. En sus 10 años ha recibido 29 'visitas' de vehículos espaciales estadounidenses, europeos y japoneses. Los visitantes de 14 países que han ido a este centro de estudios se acercan ya a los 200.
La lista de áreas de estudio también es extensa: desde el comportamiento del fuego o de los fluidos en microgravedad, hasta los efectos en el cuerpo humano de la permanencia prolongada en el espacio y los grados de radiación a los que se expondrían quienes realcen viajes interplanetarios. También se han conducido numerosos experimentos con microorganismos, células, tejidos, plantas y pequeños invertebrados, como las arañas.
Todo, aseguran los científicos, probará ser útil cuando se planeen los primeros viajes tripulados a Marte.
"Con la EEI hemos aprendido tantas cosas, y vamos a aplicar esos conocimientos para ir a la Luna y a Marte", prometió Mike Fincke.
Ahora que dispone de un nuevo laboratorio y de un sistema de reciclado del agua que disminuirá la dependencia del líquido transportado desde la Tierra, la EEI está mejor que nunca.
Un empujoncito
No quiere decir que falten contratiempos. Esta semana, la recién instalada máquina que convierte la orina en agua potable se averió. Luego de ser reparada, funcionó por dos horas y volvió a dañarse.
La directora de vuelo, Ginger Kerrick, en charla con AP, calificó los problemas como "dolores de crecimiento"'.
Crecer es lo que seguirá haciendo la EEI, que el viernes recibió un 'empujón' del Endeavour y elevó su órbita 1,6 kilómetros. Faltan varios módulos más. Cuando esté terminada, en 2012, deberá ser visible desde la superficie, en noches claras, brillando como una estrella más en el cielo.
WILSON FERNANDO VEGA
REDACCIÓN INTERNACIONAL EL TIEMPO
wilveg@eltiempo.com.co
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