En el tercer día de Convención, en un sorpresivo gesto, Hillary Clinton paró la tradicional votación diciendo: "Declaremos juntos en una sola voz, ahora, que Barack Obama será nuestro presidente".
De inmediato, la moción fue aceptada por los delegados asistentes.También lo hicieron con su fórmula vicepresidencial Joseph Biden. Y así, Obama podría convertirse en el primer mandatario afroamericano de la historia de Estados Unidos, en las próximas elecciones presidenciales del 4 de noviembre.
Y como para completar el cuadro, Obama rompió el protocolo y se presentó anoche en la Convención, un día antes de su esperado discurso triunfal.
Porque en la noche del jueves, y en el clímax de la convención, Obama aceptará la nominación ante más de 75.000 espectadores en un estadio de fútbol en Denver (Colorado).
La expectativa es alta, además, dadas las credenciales de 'gran orador' que se le atribuyen a Obama y dado que su intervención coincide con el aniversario 45 de otro hito de la democracia estadounidense: el célebre discurso "He tenido un sueño", del asesinado líder afroamericano Martin Luther King.
Los dos aspirantes demócratas a la presidencia, Hillary Clinton y Obama, habían sido nominados oficialmente, y los delegados de la convención se dispusieron a la votación oral de rutina, pero cuando el resultado era 1.549 votos para Obama y 341 para ella, la ex primera dama se levantó de su silla, pidió la suspensión de la votación y a "nombre de su estado de Nueva York, y de la unidad del partido" pidió que se aclamara por unanimidad al senador de Illinois como candidato.
"Barack Obama es mi candidato y debe ser nuestro presidente", dijo, mientras una salva de miles de aplausos invadió el recinto.
Horas antes, en la reunión con sus delegados, Clinton les había dado libertad para que tomaran una decisión, pero les insistió en que pensaran en la unidad del partido con miras a la derrota del que será el candidato republicano, John McCain: "No les estoy diciendo lo que tienen que hacer. Ustedes han venido de muchos sitios distintos, han hecho este viaje y saben lo que sienten que es correcto hacer", dijo Clinton.
Con esta actitud simbólica de Clinton parece llegar a su fin una de las carreras por la candidatura demócrata más estrechas de la historia, tan cerrada que se temió, inclusive, por una fractura del partido, dado que unos cinco de los dieciocho millones de votos que consiguió la ex primera dama durante las elecciones primarias habían manifestado su intención de votar por el candidato rival.
El giro de Bill Clinton
El preámbulo al cierre de Obama también estuvo por lo alto: el ex presidente Bill Clinton, que hasta hace poco hablaba pestes del senador Illinois, entregado a su causa; y el candidato a la vicepresidencia, Joe Biden que, por primera vez, se dirigió a la nación en esa calidad.
Bill Clinton le expresó su apoyo e insistió en que Obama está listo para ser Presidente y restaurar las dos grandes amenazas que enfrenta el país: "la erosión del sueño americano, como consecuencia de la crisis económica" y el debilitamiento de la influencia de E.U. en el mundo, por culpa de (George W.) Bush.
Aunque todavía no hay encuestas que midan el efecto de la Convención entre el electorado, no hay duda de que la fiesta demócrata dará un empujón a Obama, cuya popularidad venía cayendo en las encuestas, víctima de una inteligente pero negativa campaña publicitaria de su rival, el republicano John McCain.
Durante cuatro días las cadenas de televisión trasmitieron en directo horas enteras de su vida y milagros. Al lo que el partido trató de sacarle el máximo provecho, especialmente en aquellas áreas que son vistas como el talón de Aquiles para las aspiraciones de Obama.
Por un lado estaba el tema de su imagen. Pese a que el nombre Obama ya es casi una marca a nivel nacional, todavía era muy desconocido dada su escasa trayectoria política.
Su color de piel, su padre de origen musulmán, y las "intenciones oscuras" que le atribuye la derecha republicana, complicaban aún más la percepción. Pero durante la Convención, especialmente tras el discurso de su esposa Michelle, mucho de ese humo pudo haberse disipado.
En tono informal, la eventual primera dama presentó a los Obama como una familia común, que se fraguó un futuro gracias a los esfuerzos de sus padres, comprometidos hasta la médula con la educación y bienestar de sus hijas, y sufriendo por lo que sufre la mayoría: los altos costos de la salud, el dinero para llenar el tanque de la gasolina, etc.
Tan impactante fue su discurso que varios comentaristas dijeron -en broma-, que si no se habrían equivocado de afroamericano.
Michelle misma, que era vista antes de la Convención como una mujer fría, e inclusive prepotente, emergió de la cita con una imagen renovada y que será un 'plus' para Obama en lo que le resta a la carrera.
El final de esa velada, el lunes en la noche, fue igualmente refrescante. La imagen del Senador, hablando cálidamente vía microondas con sus dos jóvenes hijas, hizo que muchos recordaran los años de John Fitzgerald Kennedy, la última vez que hubo niños viviendo en la Casa Blanca.
Si bien se criticó al comienzo la falta de ataques contra los republicanos -y explotar a su favor los ocho "nefastos" años de la administración Bush- con el paso de los días el mensaje fue apareciendo.
McCain fue dibujado como un hombre amarrado al pasado -"más de lo mismo"-, y los republicanos como la raíz de todos los males que aquejan al país. Entre ellos, por nombrar algunos en los que más se insistió, la actual crisis económica, la guerra en Irak, y el retroceso de E.U. en la arena internacional.
Por supuesto, ahora el turno es para los republicanos, que inauguran su convención este lunes.
Nadie sabe tampoco qué rumbo puedan tomar las cosas ahora que la carrera ha entrado en su fase final y definitiva.
Los demócratas, sin embargo, ya pegaron, y lo hicieron primero.
SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON